CLUB DE ALTERNE
El camarero vierte tres cubitos de hielo en el vaso y abre la botella de Jack Daniel’s para servirme el tercer whisky de la noche. Empiezo a estar borracho y no se cuanto tiempo llevo en aquel lugar. Cuando el líquido ámbar cubre el hielo le planto sobre la barra un billete para que se cobre. Luego vuelvo a mi mesa y me siento en los sillones de cuero rojo. Un rojo oscuro, casi marrón. La música del local está a todo volumen, demasiado fuerte para mis sensibles tímpanos que enseguida empiezan a resentirse. Apoyo el vaso sobre la mesita redonda que tengo enfrente y noto como se queda adherido sobre alguna de las numerosas manchas resecas y pegajosas que la decoran. Hay luces por todos los rincones del local. Luces rojas, azules, amarillas y verdes que se encienden y se apagan al mismo tiempo mientras los focos centrales inundan el recinto y el escenario de luz rosa. Música. Luces. Las voces masculinas de los que esta noche ocupamos las diversas mesas. Me he levantado temprano, no he dormido mucho y ahora el ajetreo y la bulla me taladran la cabeza como una broca de diamante y me desconcierta. Tan sólo me calma el whisky. El tercer whisky y probablemente no sea el último de la velada.
La chica que baila sobre el escenario tiene la piel sonrosada por culpa de la luz y está casi desnuda. Únicamente un sujetador y un tanga la protegen del frío de esta noche de invierno. Junto a mí, un tipo de edad avanzada, sin mucho pelo en la cabeza y embutido en un traje barato, mueve la cabeza al son de la música y mira fijamente a la chica del escenario, que ahora se quita el sostén mientras baila y lo arroja a una de las mesas ocupada por hombres que enloquecen y gritan. Baila y se mueve y adopta posturas sobre una barra de metal reluciente al tiempo que sus pechos desnudos se desplazan de un lado a otro vigorosamente. Tiene los pezones rosados. La cara rosada. Todo su maldito cuerpo es rosado por culpa de la luz de los focos centrales. Cuando las luces se encienden, un efecto esquizofrénico se apodera de mí hasta que la luminosidad rosa vuelve a escena.
Electrizante.
Miro al tipo que tengo al lado y bebo un sorbo de whisky. Me cuesta despegar el vaso de la mesa. La mugrienta mesa.
El tipo me mira.
—Buena noche—creo que me espeta.
—¿Qué?
—Buena chica —grita al tiempo que señala con su dedo el escenario— es un espectáculo brillante.
Asiento con la cabeza y dejo de mirarle porqué no quiero hablar con nadie. Numerosas chicas divagan por el recinto. Chicas jóvenes. Chicas negras y blancas. Rubias y morenas.
Diversidad.
Muchas están alrededor de los hombres de las mesas. Otras apoyadas en la barra y jugueteando con los camareros. Otras están afuera tomándose un descanso mientras fuman y charlan entre ellas. Las que no están a la vista es porqué están arriba. En las habitaciones. Una chica de unos veintitantos, rubia y con zapatos reflectantes se acerca al tipo que tengo al lado y se sienta sobre sus rodillas, mientras este le palpa el trasero y le susurra algo al oído. La chica empieza a charlar con el. Él no para de palparle el muslo y el trasero. Muslo, trasero. Así sucesivamente. Probablemente, ya goce de una radiante erección. La chica lo sabe y espera unos minutos más para lanzarle la pregunta y yo continúo observando el espectáculo del escenario. La chica del escenario baila y se agita los pechos con las manos. El barullo es ensordecedor cuando la chica se da la espalda y nos muestra el trasero. Poco a poco se baja el tanga. Lo tiene por las rodillas y el griterío del público se sobrepone a la música. Ruido que se tapa con ruido y mi cabeza está a punto de estallar. De inmolarse. Entonces, cuando la bailarina del escenario se deshace del tanga y lo sostiene en sus manos al son de la música, la chica de al lado le lanza la pregunta al tipo del traje barato. Ha llegado el momento. El tipo ha caído en sus redes. La bailarina del escenario arroja el tanga hacia un barullo de bestias agitadas por el deseo sexual mientras la chica de al lado le susurra en la oreja al tipo:
—¿Quieres subir a las habitaciones, encanto?
Emilio Álvarez Muñido
Nacido el 26 de julio de 1989, realizó los estudios secundarios en La Llagosta y actualmente se encuentra cursando en Ciencias Empresariales la UAB En 2007 Inicia una nueva etapa probando suerte en la literatura, participando en concursos algunos locales. Actualmente combina esa faceta con sus estudios. Autor de la novela inédita. No ha publicado nada hasta la fecha.
emilio_qt@hotmail.com