Herederos del Caos
número 15 - Marzo - Agosto 2010

Marián Raméntol

Juan Arabia

Karina García Albadiz

Arnaldo Sejas

Julia Muzzopappa

Jose Antonio Gil Montoya

Sergio Felipe Mattano

Oriana Martins

Clider Gutierrez Aparicio
Marián Raméntol



 

 

 “Marian construye poesía de corte absolutamente neosurrealista y neocreacionista, con imágenes con puntas de plomo, aceradas e impactantes. Su ámbito, el cuerpo, lo cotidiano, lo íntimo, lo réprobo. Encierra toda una pajarita de papel en un sobrecito de té. La facultad de condensación licúa todo prosaísmo cansino, y hace que el lector desee descubrir cuál es la siguiente invención, la fonda donde arriba la genialidad.

El gris cenital, apocalíptico, del hormigón armado, la penumbra y frialdad del loft o del almacén de libros desde el que largar un tiro mortal, acogen la autoinquina, el reproche masoquista, la empresa de autodestrucción que conforma, a la vez, un nihilismo ferviente y una amenaza fantasma: “Hace tiempo que uso la misma vestimenta que la muerte.” Hembra fatal, Mata-Hari aliada de la nada que también se permite lanzar, en un alarde de grueso narcisismo, el envite de una diva: “Hay un área de descanso,/ un poco más abajo de mi vientre,/ donde para hacer noche,/ se precisa tarjeta VIP…”

Marian, madonna aperta. En definitiva, la caza de una pantera con pelambre de nocturnidad y alevosía, que crea y recrea una y mil veces sus visiones, en la paleta neorrealista de mezclar lo íntimo y lo cotidiano con lo perecedero y lo innombrable”. Antonio Ángel Usábel. Doctor en Literatura Hispanoamericana. (Madrid)









Y YO SIGO CON EL SUEÑO DE RODILLAS

 

Cuando te escribo, perforo el universo

para que la lágrima caiga sobre un campo verbal,

y muerda tu carne de espacios, soliloquios y notaciones,

mientras descanso en ese diagrama del lenguaje

donde la palabra se ríe de la ciencia,

fractura el sentido de la lírica

bajo el ángulo recto de una calle,

se revuelca sobre la psiquis de un mundo al revés,

y se convierte en el refugio final

de una verdad compartible.

 

Cada vez que te bautizo,

hay lagartijas en las estrellas

que quieren romper el horizonte,

yo vendo tus múltiples articulaciones

con limpios apósitos de urbanidad,

urbanidad del margen y de la lógica,

pero tu lengua herida por lo diario,

acompañada de crepúsculos y musgo

en las manos rotas de las piedras,

no se conforma con mis cuidados,

y con los pies partidos por la lluvia

se desprende de la boca, y pasea

en una bicicleta hermafrodita

por esta ciudad abandonada donde corazones

embotellados se dejan preñar en la mesa del infierno

como coágulos de sangre.

 

Así te apoderas de la sinrazón, siempre,

y acabas haciendo noche en los hospitales del espíritu,

sin duelo, con la cara de ataúd, y acunando a los ancianos

para asesinarlos dulcemente sobre altares de ocasión.

 

Estás loco, y yo sigo con el sueño de rodillas y todas las

mariposas viejas ratificando de nuevo mi intención

de dotarte de un gramo de inteligencia

para que seas repetible, orable, decible.


 



UNA DEUDA CONMIGO ES UNA DEUDA CON LA HUMEDAD

 

A esa blancura que ya no puede rozarme.

 

 

Escamas repetidas

en dos corazones de carne.

 

La edad en ropa interior deserta de mis pasos,

amordaza las sienes y yo permanezco inmóvil

en esta ciudad cerrada, en esta habitación materna

que adelgaza el silencio, silba los cuerpos

con el ruido de los brazos

dando besos inútiles al aire.

 

Mi voz pesa en exceso

en esta serenidad suicida,

con este animal sangrante

que ejecuta mi nombre derivado,

con el recuerdo roído por el agua y el vértigo

de la ausencia pegada a mis párpados de nogal,

entre aullidos que tiemblan sobre su belleza de hija,

de madre, de semilla incrédula.

 

Una blancura que no puede rozarme,

deseada más allá de mis ojos, mucho más lejos

de ese caldo de cultivo que es mi cuerpo,

de esa vergüenza vieja que es la palabra tullida,

demasiado alta, densa y aceitosa,

como el sudor que quiere reconocerla

y se queda sobre las manos, penetrando el tiempo.

 

La muerte tiene lengua de lince,

y mis oídos siguen atentos,

porque una deuda conmigo

es una deuda con la humedad salada y ácida

que levantó una pared en los pulmones del mar,

una compromiso grave, amplificado en cada espuma,

en cada limitación de su inconmensurable sonrisa.

 

 









Marian Ramentol Serratosa (Barcelona, 1966). Directora de la revista La Náusea. Miembro del grupo musical O.D.I. Desde el año 2005 hasta la fecha, ha publicado cinco poemarios y ha sido incluida en cinco Antologías. Su obra ha sido ampliamente difundida en revistas especializadas donde ha publicado mayoritariamente poemas aunque también ensayo y artículos de opinión. Ha sido galardonada en múltiples certámenes poéticos nacionales e internacionales. Su constante actividad en el mundo de la poesía le ha llevado a formar parte de diversas exposiciones, recitales, festivales y performances organizadas por el Ayuntamiento de Barcelona, el "Museu de Poesia de Catalunya", editoriales, asociaciones culturales y otras entidades.

 

Links de interés:

Blog: http://www.marianramentol.blogspot.com

Revista La Náusea: http://www.lanausea.tk

Grupo musical ODI: http://www.odiritualdrone.tk

http://www.myspace.com/odiritualdrone

 

 

 

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